Diario de campaña Sevilla 2.0

Precampaña 2.0: Monteseirín y La vida de Brian

Desprende un ingenio ciertamente destacable y viene a resumir más de una década de gestión municipal muy mal aprovechada cara al público. Mal aprovechada en cuanto a la transmisión de los logros de gobierno –si logros le transmite cosas inalcanzables déjelo en aciertos–, pues seguro que muchos todavía discuten el giro que ha venido dando la ciudad (que guste más o menos es un tema aparte).

(…) Jesús Ollero | 5 de mayo de 2011 / Diario de Sevilla

Otro de elprogresodesevilla

Feria de las vanidades, vanity fair, en Sevilla

FERIA DE ABRIL DE LAS VANIDADES/  Por Antonio Rodríguez Almodóvar/ En VANITY FAIR

         La industria de la fama y la feria de Sevilla parecen cosas consustanciales. No creo que sea así, pero cualquiera que repase las infinitas páginas que ha dedicado la prensa de medio mundo al rutilante desfile de celebridades que por aquí pasaron, podría llegar a esa fácil conclusión. Ciertamente, aquí se vistieron de traje campero, de amazona, de flamenca o de gitana (de faralaes nunca, porque en Sevilla nadie sabe lo que es eso); se fotografiaron, catavino en alto, a caballo o en alguno de los muchos carruajes que el señorío prestó para la ocasión; acudieron a los toros, se miraron de reojo unos a otros -a menudo con afiladas intenciones-; procuraron el fervor popular, amagaron con bailar sevillanas (cosa ésta bastante más difícil de lo que parece, de modo que lo dejaron enseguida), y, en suma, buscaron el exotismo que quiere la tradición franco-anglosajona, la que nos redujo a los andaluces a la condición de gente pintoresca y más bien vaga. Todo eso, sin darse cuenta de que los verdaderos exóticos eran ellos. Así por lo menos los vio siempre el sufrido pueblo de Sevilla, encandilado y agolpado alrededor de aquellas divinidades del cine, de la moda o de la política, tal vez para espantar la miseria, o el miedo que llevábamos dentro en plena dictadura, o por soñar despiertos y desahogar los instintos. Sin que por eso dejaran de ser aquellas fulguraciones “gente de por ahí”, si bien daba gusto verlas, por la belleza inapelable que ellas, sobre todo ellas, irradiaban.

Una somera relación de las más notables –cuidado que vienen curvas, muchas curvas-, nos pondría en un aprieto si tuviéramos que elegir. Vean si no cómo fue la constelación más importante de cuantas adornan ese particular firmamento del imaginario sevillano, las siete estrellas de su Osa Mayor: Brigitte Bardot, la princesa Soraya, Esther Williams, Rita Hayworth, Audrey Hepburn, Grace Nelly y Jacqueline Kennedy. Más una estrella Polar, a la que todas siguen apuntando en este firmamento tan sui generis: Ava Gardner, que abrió el cortejo muy temprano, en 1950. (…)

En cuanto a los astros varones, y dado que Clark Gable nunca apareció por la feria entre Ava Gardner y Grace Nelly, como hubiera exigido la lógica del celuloide, no se puede decir lo mismo que de las altas damas. Pues ni Orson Welles, en sus innumerables estancias, puro en ristre,  ni Anthony Quinn, ni Hemingway, ni el mismísimo Rainiero de Mónaco, ni siquiera Mel Ferrer, dan para mucho en el capítulo de las beldades masculinas. Tal vez lo que ocurría es que los guapos de verdad de Hollywood, en viendo cómo era la competencia femenina, decidieron no dejarse ver entre farolillos y volantes. Así que las grandes estrellas, ellas, tuvieron que conformarse con lo que había por aquí: toreros, rejoneadores, terratenientes, aristócratas del terruño y, por supuesto, franquistas de figurón. Pero no nos precipitemos.

Contra lo que pueda parecer, la cosa viene de antiguo. Desde los albores casi de la Feria que se inauguró en 1847, por la feliz ocurrencia de dos concejales que no eran ni siquiera andaluces, el vasco don José María Ibarra y el catalán don Narciso Bonaplata (¿pero cómo, un vasco y un catalán inventaron la feria de Sevilla?, pues sí), sólo con el sano propósito de impulsar la ganadería. Muy pronto la aristocracia local se pegó a la fiesta popular que iba surgiendo en meras tiendas de campaña, junto a las miles de cabezas de ganado. La aristocracia aquella eran entonces los Duques de Montpansier, frustrados candidatos al trono de España, a cuya corte de mentirijilla empezaron a acudir otros nobles europeos, atraídos por aquel extraño fenómeno del jolgorio que espontáneamente se iba adueñando del ambiente.

(…)

El caso de Ava Gardner concentra todos los misterios en este punto. De sus varias visitas quedan pocas evidencias en la prensa oficial, y es preciso rastrear en otros lugares. De la de 1950, solo el diario Sevilla, el menos importante de los tres que había entonces, pero controlado por las llamadas autoridades civiles, y no por la Iglesia (El Correo de Andalucía) ni por la oligarquía (ABC), publicó una sosa entrevista el 18 de abril de ese año. En ella la actriz aparece acompañada por Luis Bolín, que había sido nada menos que oficial de prensa de Queipo de Llano, y recibida en los Reales Alcázares por todo un Joaquín Romero Murube, poeta segundón de la generación del 27, amigo de Lorca y de Miguel Hernández, pero que se pasó con versos y bagajes a los sublevados. ¿Por qué entonces los demás periódicos le dedican apenas unas líneas a la bellísima visitante? Por suerte para nosotros, este misterio tiene solución: la presión de la Iglesia puso lo que no quería el propio régimen: la censura. Sordina a los desvaríos de una mujer fogosa y temperamental, que ya se había divorciado dos veces y que prometía hacerlo una tercera. Es decir, en el pleito soterrado que se traían Franco y el cardenal Segura, rabiosamente monárquico, éste volvía a ganar, como ya lo había hecho prohibiendo que el Caudillo entrara bajo palio en su  catedral, y amenazando con las llamas del Infierno a todo aquel que se entregara en las casetas de feria al baile fino o agarrao.

Pero la actriz no se arredró, sino que en un descuido de sus protectores, se fue a pasear sola por la feria. ¡Nunca lo hiciera! Poco a poco los hombres de a pie, percatados de la presencia en libertad de la poderosa Venus, empezaron a rodearla, con muy variadas muestras de simpatía. (Malas lenguas aseguran que también recibió el acoso poco caballeresco de algunos “rabinos” –derivado de rabo-, con su pulsión dionisíaca a toda máquina).  El hecho es que Ava Gardner regresó como pudo a la caseta del  Ayuntamiento, prácticamene en volandas y con una sonrisa de oreja a oreja, afirmando que los sevillanos eran “muy simpáticos”.

Se sentó así un modelo que llegará hasta nuestros días: gente del común pasándoselo estupendamente con sus bailes y sus cantes, y “gente guapa”que venía de los cuatro puntos cardinales a admirar, desde la altura de un caballo, un piter, o un landó, la energía festiva de los sevillanos corrientes. Poco a poco, sin embargo, los estirados de acá y sus invitados de allá acabarían viniendo, no a admirar, sino a ser admirados. De entonces es la frase muy extendida de que “la feria es un espectáculo donde media humanidad va a ver cómo se divierte la otra media”. Sin ser mentira, tampoco es toda la verdad. Pues la gente siempre bailó y cantó donde pudo, en la misma calle, y no necesitó para descansar más que las ricas sombras del anejo parque de María Luisa. (Me refiero a la Feria del Prado, que duró hasta 1972).

(Continuará)

El Antiquarium del Espacio Metropol de Sevilla podrá visitarse gratuitamente desde mañana viernes

 La Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Sevilla celebrada hoy ha aprobado el horario de apertura pública del nuevo espacio museístico del Antiqvarivm de Sevilla, ubicado en el  Espacio Metropol Parasol que estará vigente a partir de mañana viernes día 6 de mayo y que será de martes a sábado, de 10.00h a 20.00h de forma ininterrumpida y los domingos de 10.00h a 14.00h. La entrada será gratuita para los nacidos o residentes en Sevilla capital, estudiantes, pensionistas y personas con discapacidad. Mientras que para el resto, se puede adquirir una entrada conjunta con el Alcázar a un precio de 8,5 euros. También hay una entrada sólo para el Antiquarium a un precio de 2 euros. Sin embargo, durante los próximos días, la entrada al Antiquarium será gratuita para todos los visitantes con el fin de promocionarlo y darlo a conocer.

El Antiqvarium es el resultado de la intervención para preservar y poner en valor los restos arqueológicos aparecidos durante las obras de construcción de este complejo. El nuevo espacio cuenta asimismo, con una gran sala de exposiciones temporales, dotada de los medios técnicos y de seguridad más actuales que está preparada para acoger una exposición titulada “Los tiempos de la ciudad”, cuyo comisario es el arqueólogo Fernando Amores Carredano. El objetivo de la exposición es recorrer desde la actualidad hacia el pasado algunos hitos fundamentales de nuestra historia, teniendo como punto de inflexión la exhibición del original del Tesoro del Carambolo, en el momento en el que la Consejería de Cultura cumpla su compromiso con Sevilla y se culmine el procedimiento legal en curso para su exposición en el Antiquarium, donde ya está preparada la urna con las máximas medidas de seguridad para una joya única como es el Tesoro del Carambolo.

El Antiqvarium reúne la colección de vestigios arqueológicos más amplios de la historia de la ciudad de Sevilla y una de las de mayor extensión de Andalucía. Desde la época imperial romana en el S. I d.C., con impresionantes mosaicos, extensos y bien conservados, alcantarillados y pavimentos de calles; hasta la época almohade, en el S. XII d.C. con los restos de una vivienda completa de la época.

A una profundidad de 5,50 m. se desarrolla el circuito museístico que muestra diversas formas de vida de nuestros antepasados. Una factoría de salazones de pescado del siglo I y varias casas con mosaicos de los siglos II, III y V de la Hispalis romana; una casa del siglo VI de la Ispali visigoda y una casa del siglo XIII de la Ishbiliyya almohade, se suceden en un gran espacio subterráneo de 4.500 m2 en el complejo del Espacio Metropol Parasol de la plaza dela Encarnación.

El  Ayuntamiento de Sevilla ha considerado una prioridad la intervención sobre estos restos, que son testigos excepcionales de nuestro pasado, y motor de desarrollo futuro de toda la ciudad, pero muy especialmente de esta zona norte, necesitada de proyectos de revitalización, por su capacidad de atraer la visita pública y la generación de riqueza, empleo  y expectativas comerciales que genera el movimiento de personas.

La intervención que hemos llevado a cabo en el Espacio Metropol de la Plaza de la Encarnación ha creado 4 niveles diferentes de espacios para ser disfrutados por la ciudadanía, y para contribuir a la regeneración y el desarrollo de una zona de la ciudad, que ha sufrido durante más de 30 años un largo periodo de abandono y estancamiento y que ha cambiado radicalmente tras esta emblemática intervención. Esos 4 niveles son el Antiquarium, que supone la musealización de los restos arqueológicos aparecidos durante las obras en el subsuelo de la Plaza; el Mercado de Abastos ya en uso desde las pasadas Navidades en la cota de calle; la nueva Plaza  pública, con zona de juegos infantiles y lugares para la cultura y el ocio en una zona elevada; y finalmente, el paseo aéreo visitable sobre las estructuras metálicas y de madera que sobrevuelan toda la zona.

El Antiquarium en imágenes (Javier Cuesta)

Die Feria de Seville 2011 ist da

Desde ayer el Balcón y desde mañana el Antiquarium de la Encarnación, a plena disposición

Será cosa de la propia ciudad, hacer ruido por todo. Ayer a media mañana lo difícil era encontrar una sola persona que no saliera encantada de su paseo por la pasarela y el mirador del conjunto Metropol Parasol de la Encarnación. Su primer día visitable se saldó con más de 1.000 personas que aparcaron sus ansias de rebujito y lunares para ver cómo es la ciudad en la que viven desde la considerable altura de la obra que diseñó el arquitecto alemán Jürgen Mayer.

Que para los de aquí sean setas y para los de fuera, en su mayoría, gofres, es lo de menos. Cuando se sube a 28,5 metros de altura y se observan imágenes como la Giralda y la Catedral en fusión óptica con el puente del Quinto Centenario lo único que importa es darle al botoncito correcto de la cámara y llevarse la postal. A los turistas les encanta encaramarse a lo alto de lo que sea y sentir que la ciudad que pisan es más suya que de otros. Por eso los miradores aquí y en Pekín triunfan que da gusto.

Casi podría afirmarse que lo primero que un guiri pregunta al recepcionista de un hotel al llegar es a qué sitios se puede subir. Berlín tiene su torre de radiotelevisión, París vive enamorada de la Torre Eiffel, en Italia la de Pisa hace las veces, y en Sevilla, doblete, Giralda y Metropol Parasol. Ayer opinaban algunos que acabaría ganando el segundo, más que nada porque desde él se puede contemplar el campanario de la Catedral. “Es como en Nueva York, mejor subirse al Rockefeller que al Empire State, desde el primero ves el segundo”, opinaba Juan Carlos, cámara reflex al hombro. Claro que no todo es arrebatadoramente bello.

Algunos vecinos de la zona andan un poco sonrojados por el poco lustre de unas azoteas en las que se exhiben impúdicamente aires acondicionados de la época de Naranjito junto a coladas en la que se advierten las prendas más mundanas que pueda usted pensar. No importa. Todo es radicalmente urbano. Una obra del siglo XXI en una ciudad “eterna y barroca” que dicen los cuentos. Un balcón en el corazón de la ciudad que, como mínimo, ofrece una vista jamás contemplada.

Primeras visitas al mirador de la Encarnación/ I.G.C. / El Correo de Andalucía

Galerías de fotos Juan Manuel Cabrera / ATESE:

Fotogalería:  Primer día de visitas al mirador de las ‘setas’

Fotogalería:  Sevilla desde lo alto de Metropol Parasol