Viento sur: Juan José Téllez

” Será porque sigo siendo de fuera de Sevilla a pesar de llevar once años ensimismado en el laberinto barroco de esta ciudad de contraluces. Pero a mí me gusta Alfredo Sánchez Monteseirín como alcalde. Y bueno es proclamarlo a pique de que, a partir de que en breve, nadie pueda decir esta boca es mía sobre las municipales, a fuer de que la Junta Electoral nos ponga de cara a la pared.

A pesar de las setas envenenadas, de Mercasevilla convertido en un mercado persa de eres con erre de robo y de esas inauguraciones suyas de última hora a contrarreloj. Lo asumo: por lo que leo, por lo que escucho y lo que veo, debo de ser el único en que aprecia al señor Sánchez, más allá de su familia y de su propio entorno abertzale. Pero creo que sus tres mandatos como alcalde, el último de ellos con la valiosa colaboración de la Izquierda Unida del maltratado Rodrigo Torrijos, han transformado la ciudad con tanta contundencia aunque con menor estrépito que ocurriese durante la Expo.

Claro que al todavía primer edil no lo contrataría como vendedor de coches o como presentador de concursos de televisión, porque tiene más bien ese aire mestizo que media entre un notario y un dependiente de mercería. Pero, dada la opinión de buena parte de los sevillanos –incluidos los de su partido–, seguramente sea que yo necesite acudir al oftalmólogo de guardia para que me recete gafas de culo de botella. A ojo de buen cubero, sin embargo, se me antoja que la ciudad que lega Monteseirín es más fieramente humana que la de antes. Qué menos y qué más se le puede pedir a un alcalde, pregunto como un simple sin papeles del barrio del Baratillo.

Que las catenarias impactan sobre un Bien de Interés Cultural como la Catedral y la Giralda, cierto. Pero ahora van a eliminarse por fin –más vale tarde que nunca–; y mucho más impactaba el tráfico rodado por la avenida de la Constitución. Que el carril bici no está bien resuelto, vale. Pero ahí está, kilométrico y feliz, reclamado por otras ciudades. Que la marginación, el paro y el analfabetismo ya no son competencia exclusiva del Vacie o del Polígono Sur y se extiende hacia Amate y otras zonas del tejido urbano, pues sí. Pero al menos desde el ayuntamiento –a pesar de la crisis económica que aflige a todos los municipios– se ha intentado evitarlo echándole recursos pero también imaginación, ese I+D de ingenio del que andamos tan cortitos.

Vivo también en otras ciudades a las que amo y a las que contemplo cómo permanecen atrapadas entre las cuatro paredes de su pasado o constreñidas por una inexorable vocación de futuro con hambre de hormigoneras y víctimas de la antigua especulación urbanística. Y estoy convencido de que si una u otra hubiesen tenido un alcalde que pudiera presentar una gestión como la de Alfredo Sánchez Monteseirín, lo habrían sacado a hombros, y no simplemente se lo hubieran sacado de encima.

Comprendan que, como no estoy censado en esta ciudad, ni guardo relación alguna de afecto mayor o menor con el susodicho, ni participo de la ojana o de los linchamientos al poder tan frecuentes, escribo esta especie de homenaje póstumo en vida porque al actual alcalde le quedan dos telediarios en la Plaza Nueva. Y ya no podrá quitarme ni las multas. Que tengo muchas, por cierto. ” http://blogs.elcorreoweb.es/juanjosetellez/

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