La clave del futuro de Sevilla

La clave del futuro para Sevilla en el siglo XXI es mirar al mundo, entender la globalización de usos y mercados como una oportunidad que podemos aprovechar con ilusión, con tesón y con el trabajo de cada día, pero no con la faena de un solo día. Creo que una situación de crisis como la actual genera cambios y eso es sinónimo de oportunidades. Esas oportunidades en un mundo globalizado y en continuo movimiento sólo pueden surgir desde la amplitud de miras, ciertas dosis de riesgo, la diferenciación y la innovación.

Pretender vivir mirándonos a nosotros mismos y hacer lo que siempre hemos hecho es estar lejos de la realidad. Nuestra sociedad civil sevillana debe reaccionar contra la cultura de lo fácil, del sólo conservar lo que tengo, del “yo ya con esto vivo bien, disfrutemos de la vida”. Esa actitud nos lleva a ir retrocediendo poco a poco y a que se lleven la peor parte aquellos que no disfrutan de comodidades y que no disponen de capacidades para mejorar las cosas.

El ensimismamiento y la complacencia son, desde mi punto de vista, actitudes que conduce a la decadencia y no al progreso, a la desigualdad y no al desarrollo colectivo. El riesgo debe ser valorado como elemento que puede conducir al fracaso pero que es necesario para el éxito. El progreso viene de las iniciativas que uno tome y eso siempre conlleva un riesgo que, por supuesto, hay que minimizar y combatir con tesón, pero el mayor riesgo es no asumir ninguno. Nuestro futuro depende de la realidad del presente, del esfuerzo y del sacrificio diario de todos nosotros.

No es un problema de recursos humanos o de formación. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados en nuestras universidades, capaces de competir en el mundo. Más bien ocurre que estos jóvenes están privados de esa posibilidad en nuestra tierra porque en la sociedad civil sevillana y andaluza primamos otras cosas.

Pensar que el gobierno de turno, el Estado o la Administración nos va a traer el desarrollo está tan fuera de la realidad como pensar que nuestra historia, nuestro pasado o nuestros monumentos nos van procurar bienestar para todos. Nuestra sociedad tiene que reaccionar contra la cultura del inmovilismo y generar oportunidades saliendo de si misma. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa como lo fue en el siglo XVI y durante el esplendor del XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga pero no en algo en lo que vivamos permanentemente y en algo que nos bloquea. Como raíces nos tienen que fortalecer, pero el  desarrollo económico y social sólo son posibles proyectándose hacia fuera y aceptando retos.

Esta filosofía que  acabo de exponer y que hago plenamente mía hoy, es la que el flamante Premio NODO entre culturas, Felipe Benjumea, presidente ejecutivo de Abengoa, nos explicó esta misma semana en el acto de entrega de este galardón a su empresa. Y he querido traerla hoy aquí porque me parece del todo a propósito que un sevillano tan relevante haga estas reflexiones.

 

Premio NoDo entre culturas Sevilla

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