Cambios en Sevilla: "¿cómo toleraban las ciudades antiguas tener unas calles que eran alcantarillas al aire libre?”

Vivimos en un mundo cambiante. De hecho las sociedades humanas, las culturas y las costumbres no hacen sino cambiar desde el origen. Sólo gracias a los cambios se garantiza la evolución y el avance. Todo esto, que parece obvio, choca en demasiadas ocasiones con posturas inmovilistas, que sienten un rechazo, a veces sincero y bienintencionado, contra todo lo que suponga un cambio. En cualquier sentido. Y al contrario: se defienden como esencias cuestiones que han sido producto a su vez de cambios anteriores, y como tradiciones eternas costumbres que datan de antesdeayer.  Los cambios no son malos por definición, más bien lo contrario. Casi siempre cambiar, cuando se hace desde la reflexión y con metas trazadas para ello, es la mejor manera de progresar. Ocurre en todos los aspectos: las sociedades, las ciudades, las personas.

Me vienen estas reflexiones con ocasión del análisis de los datos que están confirmando los resultados positivos de los cambios que están produciendo en Sevilla, en aspectos tan complejos como el tráfico. Son muchas las medidas que se están poniendo en marcha en nuestra ciudad para mejorar y hacer más racional la movilidad. Nuevos transportes públicos, como el metro y el metrocentro. Implantación de la mayor red de carril bici y mayor sistema de alquiler de bicicletas públicas puesto en marcha en una gran ciudad española. Sentidos únicos en rondas y avenidas. Carril bus, aparcamientos en rotación, espacios peatonales, y hace unas semanas, implantación del Plan de Ordenación del Centro Histórico. Todo ello, que supone una verdadera revolución en nuestras maneras de desplazarnos, movernos y acceder a las distintas zonas de la ciudad, está suponiendo que en el plazo de cuatro años, entre 2007 y 2010, la intensidad del tráfico, medida en 30 puntos de la ciudad, haya disminuido en un 11,5%.  No es una percepción, sino una medición realizada con todas las garantías técnicas. Eso significa que el tráfico esta siendo cada vez más fluido, sin dejar de ser complicado en muchos momentos del día. Pero el avance está ahí, y nos indica el camino a seguir. 

En el caso del Plan de Protección del Centro Histórico es cierto que para muchas personas ha supuesto un cambio de costumbres. Pero quiero agradecer a todos los ciudadanos y ciudadanas el esfuerzo de adaptación que han realizado, en beneficio común, y también propio. Se ha conseguido un centro histórico más habitable, más accesible, mejor para comprar y pasear, para el ocio y el trabajo. Y más saludable. Los resultados no pueden ser más positivos. No sólo ya para los residentes que, a pesar de las reticencias iniciales van viendo, segun me comentan -cada vez más- muchos de ellos, que han mejorado sus ociones de aparcar en superficie. También comerciantes y viandantes que ven  cómo mejoran las calles del centro al disminuir la presión del tráfico: pacificación, le llamamos ahora.

El prestigioso arquitecto británico Norman Foster ha dicho: “Los historiadores futuros quizá estudien nuestra época y se pregunten cómo tolerábamos nuestro tráfico actual, del mismo modo que nos preguntamos cómo toleraban las ciudades antiguas tener unas calles que eran alcantarillas al aire libre.”

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