Niebla

El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil
volitum quin praecognitum, me enseñó el padre Zaramillo, pero yo he
llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin
praevolitum. Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer.
Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me
daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta?
¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el
vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión
perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o
en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla,
niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las
nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa
también.

Miguel de Unamuno Niebla

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