Carril-muchas cosas en Sevilla y en…

Otra vez a vueltas con el carril-bici, que no es lo mismo que dar vueltas por el carril-bici (que también lo hago, todos los fines de semana). Conforme pasa el tiempo, esta vía, originalmente pensada para los ciclistas, va cambiando de funciones y de usuarios.


Comenzaron los patinadores, al principio muy raros, hoy cada vez más frecuentes. Muchos por hobby, algunos por transporte sostenible. Y aunque iban a su ritmo, que no era el nuestro, los aceptamos bien; a fin de cuenta, compartían una misma militancia de movernos sin coches. Aquello fue sólo el principio.

Llegaron también las personas con problemas de movilidad, algunos con vehículos autopropulsados, otros empujándose a mano, otros auxiliados por alguna persona. La imagen frecuente es la de la persona mayor acompañada por otra más joven, inmigrante, que empuja su silla. Movilidad solidaria. Y bien que te complican la circulación, pero se acepta y respeta. Uno se frena y cuando puede los rebasa. Con respeto y paciencia.

Luego vinieron los viajeros, turistas de paso o estudiantes volviendo del fin de semana, con sus maletas con ruedas, a los que el firme verde del carril les resulta más cómodo que el acerado ordinario. Cualquiera que haya arrastrado una maleta por Sevilla sabe a lo que me refiero. Según la fecha, pueden ser muchos, y un incordio. Pero uno se acostumbra a tener cuidado con ellos, y a adelantarlos con toda la atención; suelen estar encabronados por el peso, así que mejor no tocarles las narices.

También están las personas que recogen chatarra, en plan minúsculo, con el carrito de hipermercado lleno con lo que pillan, los pobres. Y los que no tienen hogar, que usan el carro para cargar sus pobres posesiones, a veces algún perro que les acompaña en su miseria. A éstos los respetas aún más.

Todos, ellos y los ciclistas, tenemos una cosa en común: las ruedas. Todo aquello que ruede y no tenga motor, encuentra su lugar en el carril-bici. Los que cargan y los que se transportan, los que pasean y los que trabajan conviven en ese largo y tortuoso camino, que sirve para todo y para todos. Lo de este camino es un ejemplo para la ciudad, entre otros motivos porque demuestra, cada día, tolerancia y convivencia, solidaridad y paciencia. Todo lo que nos falta en esta Sevilla del siglo XXI.

Miguel Rodríguez-Piñero Royo

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