Como el dicho de que la vida da muchas vueltas en nuestro caso ya no es un dicho, sino una simple operación aritmética…

>>Como el dicho de que la vida da muchas vueltas en nuestro caso ya no es un dicho, sino una simple operación aritmética, he querido enviaros esta foto en la que nos pusimos a hacer el tonto (y las tontas) en una ciudad que (cuyo nombre) ya no existe): Leningrado. En el reverso de esta foto (algo que ya tampoco existe, pues las fotos digitales no amarillean, pero también carecen de reverso), puede leerse aún: “Haciendo cola a orillas del Neva”.>>

Pues de la dichosa foto, que ha aparecido yo no sé porqué, junto a ninguna otra de aquella aventura moscovita, hace ya, agárraos a donde podáis, 23 añitos, pues la agencia Novosti nos invitó (copago, se diría ahora) en la hermosa pero fría Navidad de 1987, en plena Perestroika. Fue la Navidad que ya pasará a la historia (la nuestra) como “aquellanavidadenlaquemeperdíenelkremlin”, extremo éste que puedo acreditar yo (pues me volví con Rafael en un bus soviético hasta el hotel Ukrania) y no Alfredo, que desapareció de pronto y volvió confortablemente instalado en un tranvía perestroico (a nosotros, Rafa, aun nos faltaba tiempo para aprender algo de la política y a Alfredo, no).

De otro lado, enternece la juventud de María Teresa (por aquel entonces, una de las adorables “niñas del ayuntamiento”, junto a Rosa –qué tiempos) y de Marisa, que le vendió unos vaqueros a una rusa por 50 marcos alemanes y luego no sabía dónde metérselos (con perdón).

En fin, si me dicen en aquel momento que os iba a escribir desde el despacho que usaba Carrero Blanco, no me lo creo. Fuerte abrazo y vamos a vernos pronto (ya sé, ya sé que siempre lo digo…)

“¡ Qué delicia de foto, Enrique! . Y estremece constatar cómo pasan los siglos, 23 años, ahí es ná. ¡Qué jóvenes éramos todos, incluso los que somos mayores! “

Además de perdidos en el Kremlim, que hubiera dado para una serie más popular que la actual ‘Perdidos’, recuerdo a Marisa huyendo de los acosadores finlandeses y pidiendo auxilio al hermano mayor, que era yo, y de la somanta de ostias y sillas volando en el salón del hotel de Moscú donde yo tonteaba con una bellísima rusa y tú me advertías de que me iban a calentar sus acompañantes. De Alfredo no digo nada porque es el alcalde y a los mails los carga el diablo. Por cierto, ¿para qué haciamos la cola en el Neva? ¿No le has mandado la foto a las chicas? Les producirá una emoción histórica muy honda. Muchas gracias y a ver si nos vemos en la Feria, aunque el alcalde no nos invite a su Caseta. Un abrazo. 

 


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