Sevilla, un libro de Machado

Una ciudad es un libro que se lee con los pies. Sus calles y plazas, sus casas, sus parques, sus árboles… todos y cada uno de sus rincones conforman los párrafos y el paso de los años y de los siglos, las hojas. Hay muchas formas de conocer una ciudad y una ruta literaria representa una de las más enriquecedoras: por un lado, propone una visión diferente de ésta y, por otro, da a conocer en profundidad los lugares protagonistas de la vida y la obra de algún escritor.

A lo largo de los años, Sevilla ha servido a muchos literatos como escenario para llenar las páginas de sus obras. Han descrito rincones desconocidos, han recreado el ambiente de diferentes épocas de la historia y se han inspirado en los lugares más emblemáticos para dar rienda suelta a su imaginación a través de las palabras.

Hablar de Sevilla y los hermanos Machado es algo más que proponer una ruta literaria, algo más que un simple lugar de inspiración. Ambos fueron capaces de traducir la fascinación por sus rincones y recuerdos en las más bellas palabras, y Sevilla fue para ellos una referencia fundamental y constante en sus vidas y en sus memorias, una intensa relación que mantienen viva hasta el final de sus días.

El Ayuntamiento de Sevilla ha puesto en marcha las “Rutas literarias machadianas” con las que proponemos rememorar las impresiones y vivencias de los hermanos Machado en Sevilla a través de sus textos para experimentar en primera persona cómo sintieron Antonio y Manuel Machado en la ciudad que les vio nacer y cuyo recuerdo llevaron siempre en sus corazones y reflejaron constantemente en sus páginas.

Manuel y Antonio, Antonio y Manuel, cada uno con caracteres diferentes pero ambos con una gran fidelidad a Andalucía y a Sevilla, una fidelidad casi mística que quedó profundamente arraigada en el alma y la inteligencia de ambos poetas.

Os invitamos ahora a recorrer catorce puntos de la ciudad que marcaron la vida de los hermanos Machado en Sevilla: desde el Palacio de las Dueñas a la Plaza del Museo, pasando por calles como Gerona, Laraña o Mateo Alemán, entre otras. Catorce puntos que quedaron plasmados en algún momento en las obras de Manuel y Antonio Machado y que dan una idea de la enorme influencia que tuvo en ellos la ciudad.

La madre de los Machado, Ana Ruiz, pronunció una frase recordada después en tantas ocasiones. Cuando huye con Antonio a Francia condenado al exilio, le pregunta en el camino hacia Collioure: —“Hijo, Antonio, ¿falta mucho para llegar a Sevilla?”. Manuel y Antonio Machado Álvarez, y toda su familia, nunca se fueron de Sevilla. Han estado siempre muy presentes en la ciudad y en la memoria de todos sus habitantes. Y este libro aportará un nuevo recuerdo para este ilustre linaje sevillano.

En “Semipoesía y posibilidad”, el discurso que leyó Manuel en su ingreso a la Real Academia, encontramos una alusión del poeta: “La primera imagen mía que yo conservo en la memoria me representa de edad de año y medio o dos años en el patio de la casa de mis abuelos, en Sevilla…”.

Aquí, en las Dueñas, en este privilegiado escenario vendrá al mundo Antonio Machado la madrugada del 26 de julio de 1875. A lo largo de toda su obra encontramos referencias constantes a su infancia y en la mayoría de los casos se relaciona con las Dueñas. Quizá los versos más populares de cuantos dedicó el poeta a su casa natal sean los que dan inicio a su “Retrato”, el poema que abre Campos de Castilla:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

En un apunte biográfico de 1913, Antonio dejó constancia de que es “un detalle de alguna importancia” haber nacido en el Palacio de las Dueñas. Estamos en su casa natal: el huerto, el reflejo de los limones en el fondo de la gran fuente del patio central, las galerías… en este escenario aún podemos observar muchos vestigios que el poeta hizo propios y reelaboró para convertirlos en símbolos de su lírica:

El buen perfume de la hierbabuena

y de la buena albahaca

que tenía mi madre en sus macetas

Otra de las estampas más notorias que dejó Antonio sobre las Dueñas evoca la imagen de su padre en un bellísimo soneto del que anotamos el siguiente cuarteto:

Esta luz de Sevilla… Es el palacio

donde nací, con su rumor de fuente.

Mi padre, en su despacho. —La alta frente,

la breve mosca, y el bigote lacio—.

Según los estudiosos de la lírica machadiana es difícil hacernos una imagen clara porque el tiempo se enfrenta como planos superpuestos y se produce un juego de espejos sacado de los pliegues de la memoria del poeta. En el soneto final se nos transporta al “palacio donde nací”. Este último verso, Estos días azules, este sol de la infancia, sugieren un artefacto simbólico de alto valor nostálgico. Se empieza por la luz de Sevilla, pero no sólo se atiende a ella, también se alude a la pureza de la infancia, aquella luz que eternamente ilumina el patio, el perfume de la hierbabuena, las tardes interminables de la niñez junto a la familia, la figura paterna, el paraíso perdido.

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