Medallas de memoria y de futuro : palabras de Paco Acosta en el Día de Sevilla

Somos personas de distinta procedencia, de diferentes sectores, seguramente tenemos ideas muy distintas con respecto a muchas cosas. Pero sé que compartimos una muy especial: el amor por esta ciudad, por Sevilla. Es una militancia compartida que nos hace aún más dichosos si cabe en este día, porque estos reconocimientos significa, ni más ni menos, que nuestro amor por la ciudad es un amor correspondido.

La mayoría de nosotros tenemos a nuestras espaldas ya, afortunadamente, un amplio bagaje de vivencias. Y en este trayecto son muchas las “sevillas” que hemos tenido la oportunidad de conocer. Yo conocí la Sevilla de las duras condiciones de vida, de la infravivienda, del subdesarrollo, de la represión de los obreros. Qué alejada y que distinta era entonces la Sevilla real de la Sevilla oficial. Una Sevilla que se vendía como el paradigma de la alegría y el tópico, y que albergaba en su seno realidades sociales terribles.

Creo que entonces, muchos de nosotros aprendimos a querer la ciudad no como entelequia, no como imagen estereotipada o como ensoñación imaginaria. No. Aprendimos a querer a Sevilla en su gente, en sus hombres y mujeres concretos. En sus oportunidades y aspiraciones reales. Ese compromiso se tradujo en acción, de distinto tipo. Y creo que eso es también algo común entre todos los que hoy disfrutamos de nuestros galardones. El de haber sublimado ese amor por la ciudad no en palabras sino en acciones concretas. En la ciencia, en la economía, en el arte, en el compromiso social.

En mi caso y en el de mis compañeros sindicalistas, era y es defender a los trabajadores y trabajadoras. Por eso no puedo dejar de decir en esta tribuna pública que los esfuerzos para salir de la grave crisis económica no deben de recaer sobre los más débiles. Ese esfuerzo debe de ser equilibrado y compartido de manera justa. Esto es, más esfuerzo deben de hacer los más fuertes.

Pero conociendo la ciudad, como la conozco, sabiendo la vida y la energía que habita en sus empresas, en sus factorías, en sus barrios, en todas sus asociaciones, en su vida colectiva, en sus artistas y científicos, en sus jóvenes, conociendo todo eso, no podemos por menos que tener esperanza en el futuro.

La Sevilla de hoy poco se parece a la Sevilla que conocimos en los tiempos duros. La tarea vital de personas como Eduardo y Fernando, como Marcelina, José Luís, Luís, Francisco o Eduardo, como Antonio, Elías, Vicente, Manuel o Mª Luisa, sin duda ha contribuido a que esta ciudad, esta Sevilla, sea mucho mejor que aquella Sevilla, sin dejar de ser Sevilla.

Todos ellos, todos nosotros, no hubiéramos sido nada, ni hubiéramos hecho nada, sin otras muchas personas a las que le debemos gratitud eterna. Empezando por nuestras familias, y siguiendo por todos los que trabajaron con nosotros y de los que no somos sino una representación, a la que la cabido hoy el honor de recibir este homenaje.

Por eso yo hoy no puedo sino dedicar nuestro nombramiento como miembros honorarios de la corporación a todos los compañeros y compañeras con los que compartimos, hombro con hombro, la lucha por los derechos de los trabajadores y por las libertades. Muchos ya no están, pero siguen vivos en nuestra memoria. Una memoria que no hemos perder porque sin memoria, los pueblos no son nada (…).

Crónica del acto de Isabel Atienza en elcorreoweb:

“Compartimos una militancia: el amor por Sevilla, que es correspondido”

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