El Cristina de Javier

juan carlos muñoz DdS PuertaJerez

 

El primer contacto fue un flechazo, de esos que duran. Al Betis me llevaba mi padre en el tranvía pero volvíamos andando, con una paraíta en la Plaza de América donde esperaba mi madre con el pan con chocolate de la merienda. Al poco, llegábamos al Cristina. El primer recuerdo.

Entonces olía a norte –entre la bruma otoñal, su frondosidad y los puestos de castañas– y al mejor café, Catunambú o Saimaza –los cafés nacionales de Sevilla–. En la acera de San Telmo sonaba el primer pregón de La Gole. Luego, el cafelito, momento esperado para otra estampa de futbolista que venía con el terrón de azúcar.
(…)
De zagalón me colaba en el picú de la parrilla del Hotel Cristina; también, como hijo del agobio, pasaba noches tan interminables como milagrosas, porque no teníamos un duro, en el Bar Iberia. El autobús al Copero paraba en el seminario y mi cate más doloroso fue un caso práctico de Administrativo sobre el agujero del metro y los daños en el Yanduri.
(…)
Un día me encontré con la triste noticia de que querían levantar sus jardines, pero fue una pesadilla pasajera. Hoy, sin embargo, estoy feliz; podré pasear su historia, su aire forastero, su manera de acariciar el río; para algunos el Cristina, más checkpoint que nunca, es una piel cualquiera, para otros, es la única que tenemos. 

 

El Cristina de Javier Aroca/Licenciado en Derecho y Antropología /aroca.javier@gmail.com/EL CORREO DE ANDALUCIA

 

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