Las pequeñas grandes cosas

Avestruces en Sevilla /Antonio Hernández-Rodicio / EL CORREO DE ANDALUCIA (13/9/09)

(…) Es posible que sigan las protestas, pero el que no se ha enterado de que Sevilla le ha declarado una guerra paulatina al coche y se ha conjurado para apostar por el transporte público es porque no quiere. No hay marcha atrás. Al contrario, el hábito irá exigiendo más y mejores infraestructuras para la bicicleta, sean carriles mejor diseñados, puntos de alquiler más accesibles o bicicletas de más calidad y siempre a punto. Tampoco se entiende de qué se queja la gente. Es un proyecto anunciado y vuelto a anunciar. Aunque también habrá a quien no le guste el carril-bici. Detractores del pernicioso desplazamiento a pedales, que de todo hay. Enemigos de esa forma de alienación impulsada por el gobierno social-comunista que está corroyendo las entrañas inmarcesibles de lo que hemos dado en llamar Sevilla.

Pero con ese frente anti-todo ya cuenta el gobierno de la ciudad. Deberían preocuparle más aquellos que protestan con razones objetivas y demostrables, los que se quejan no tanto por lo que se está haciendo, sino por como se está haciendo. Y en ese sentido caben críticas de todos los colores y tamaños.

Por ejemplo, el carril-bici ha emprendido una deriva en su desarrollo manu militari. La máquina está engrasada y no hace prisioneros. No existe, y si existe no se conoce, contacto alguno con los colectivos vecinales por donde discurrirá. Su trazado no se somete a sugerencias, los arranques de obras ni se negocian ni se anuncian. No se informa a los vecinos ni de qué obra se trata ni de cuánto durará. Ni siquiera informan del lugar al que han trasladado provisionalmente los contenedores de basura. Es un proceder absolutista. Y, desde luego, se me ocurren cien mejores formas de hacerlo antes de que el carril-bici se convierta en algo antipático hasta para sus propios defensores.

Ahí tiene tajo el alcalde, que anunció hace dos años y medio que esta sería la legislatura de “los pequeños detalles”. A día de hoy brilla por su ausencia un modo racional, ordenado, y transparente de hacer las cosas. Da igual que sea la Oficina de la Bicicleta tutelada por IU la causante de los estropicios, el alcalde recogerá los frutos del éxito del carril-bici y también debe pechar con sus averías. Y no sería la primera vez que se juzgue una gestión por las pequeñas cosas. Ese es el quid. Lo otro, la queja desaforada, debería preocuparle menos porque no van a desactivarla hagan lo que hagan: debe ser gente que entierra la cabeza bajo tierra.

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