¡ Ojú el de la lú !

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López Monteseirín

Tomás Balbontín. ABC.

9-3-2009

Aunque lo parezca, el título de este artículo no es una errata. Pretende ser un juego de palabras, un maridaje de apellidos intercambiables para significar que, aunque a alguno no le guste, la situación actual de Pachi López es la misma que la de Alfredo Sánchez Monteseirín. Ninguno de los dos ha ganado las elecciones pero Alfredo es alcalde Sevilla y López aspira a ser lendakari, ambos por supuesto con la imprescindible ayuda del vecino y dejando al margen a los que consiguieron más votos que ellos: Zoido aquí e Ibarreche allí. Y no me negarán que es curioso que todos o casi todos -menos los directamente beneficiados- larguen pestes del acuerdo que se firmó en su día en Sevilla y que ahora todos o casi todos -menos los directamente perjudicados- estén entusiásticamente de acuerdo con una componenda idéntica en el País Vasco. Qué varas tan distintas utilizamos a veces para medir situaciones idénticas.

Es complicado aclararse en este tipo de situaciones pero la realidad es que aquí el pacto de perdedores se considera por muchos como un atentado a la democracia mientras que allí resulta que es la esencia misma de la democracia. Bueno, vale, el asunto es muy complejo, la legalidad admite muchas interpretaciones y los piquitos de oro siempre encuentran argumentos para defender cualquiera de las posturas y para que cada cual arrime el ascua a su sardina como lo considere oportuno en cada momento. Y como en España, durante años cada cual ha hecho de su capa un sayo y ha interpretado los resultados electorales como le ha dado la gana según sus intereses coyunturales, se ve como normal que los que han perdido unas elecciones se unan en un llamado pacto de progreso para echar al que de verdad ganó o que otros justifiquen lo suyo diciendo que es un acuerdo entre partidos constitucionales, por más que no se puedan ni ver entre ellos, para que el que de verdad ha obtenido más votos no rasque bola. Unos votan, otros interpretan y reparten y el personal, por lo general, calla y otorga. Todo lo más, si los que se llevan el gato al agua son de los nuestros, aplaudimos a rabiar y si son de los otros, maldecimos y largamos fiesta de lo malos que son los malos. La reiteración y la costumbre han convertido en norma el trapicheo de votos y voluntades populares y según le vaya a cada cual en esta feria de intereses lo justificamos o los denostamos. Pues nada, a esperar la próxima.

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1 comentario

  1. Pues yo le diría al bueno de Tomás Balbontín que pregunte en el periódico que le paga, porque de tanto practicar los usos que aquí denuncia podría dictar toda una cátedra. Si hay alguien en este país que sabe mejor que nadie cuándo decir diego en vez de digo, ése es el diario ABC.
    Un saludo.


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