New York Times: Under Andalusian Skies

 

 

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Under Andalusian Skies

Published: March 30, 2008

Last fall, just days after the inauguration of the tram system in Seville, Spain, one of the cars derailed on Avenida de la Constitución, the city’s busiest street. No one was injured — the local horse-drawn carriages seem to move at a faster clip — and the mayor rode it the next day to reassure his citizens that the tram was safe. Still, not too many people were riding it recently.

Sevillanos seem to raise a suspicious brow at ”progress,” as this is a city that has always been tethered to its colorful and religious past: bullfighting, flamenco and Semana Santa, the holy week between Palm Sunday and Easter, when the streets are crowded with velvet-draped processions. Besides, most locals would rather walk through the historic center (cars were banned in most of the district in 2006), stopping to chat with friends, down a quick sherry at a bar or bless themselves in front of the Virgin Mother. There is a shrine, a statue or a plaque honoring her on nearly every cobblestone block.

 

If you look up beyond the Gothic church spires, however, you can’t help but notice the canopy of cranes above. Seville is in the midst of a building boom: a new high-speed rail line to the Mediterranean playground of Málaga opened not long ago, a subway is in the works, and the city has commissioned major cultural projects like Zaha Hadid’s library for the University of Seville and the Metropol Parasol, a suspended, amoebalike pavilion designed by the German architect Jürgen Mayer H.

The undulating structure, which will feature a restaurant, a food market and a panoramic walkway, will float over the bustling Plaza de la Encarnación, one of the city’s many public plazas. During the digging, the crews found Roman ruins, so archaeologists were brought in to excavate, which led to construction delays. ”What takes a year somewhere else, takes three years in Spain,” says Claudius Gehr, a German documentary filmmaker who has split his time between Germany and Seville for the past seven years. Nonetheless, Mayer is impressed with the government’s willingness to rethink the idea of its city. ”They needed an icon to compete with other cities,” he says. ”This place has always been a gateway for ideas and invention.”

As early as the 15th century, Seville was the country’s most important port city, connecting Europe to the Americas. Everyone passed through what was once known as the Babylon of Spain. Nowadays you can see in the mash-up of architectural styles vestiges of the many different cultures that have claimed the Andalusian capital as their own. There are Roman ruins, Moorish palaces, Gothic cathedrals, noble mansions in the Mudéjar style (a hybrid of Moorish and Christian architectural elements). And there is no shortage of contemporary structures, most notably Santiago Calatrava’s harplike Alamillo Bridge connecting the city to the nearby island of Cartuja, the site of the 1992 World Expo. Today the abandoned international pavilions have become part of the city’s urbanization plan — the buildings currently serve as research centers and corporate offices. Cartuja is also the home of the Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, a former monastery turned porcelain factory that is now a cultural center. A recent show, ”The Geopolitics of Animation,” featured videos by international art stars like Kara Walker and William Kentridge.

”Seville is a good place to make art,” says Rafael López-Bosch, who was born here and studied at Camberwell College of Arts in London before opening Suffix Arte Contemporáneo gallery in the bohemian quarter of Triana last fall. ”It’s not media saturated, so people can just enjoy creating.” For his premiere show, ”Mermelada Amarga” — ”bitter marmalade” refers to the tiny oranges that litter the streets like tropical roadkill — López-Bosch featured a roster of homegrown talent as well as artists from abroad. ”But,” he says, ”we still need to push it a bit.”

TMagazine New York Times

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Versión española  (thank) : M. José y Julia/

El pasado otoño, pocos días después de la inauguración del tranvía en Sevilla, España, uno de los coches descarriló en la Avenida de la Constitución, la calle más concurrida de la ciudad. No hubo heridos –parece que los coches de caballos locales circulan más rápido – y el alcalde hizo el recorrido al día siguiente para mostrar a sus ciudadanos que el tranvía era seguro. Sin embargo, pocas personas usaron este medio en los días siguientes.

Los sevillanos enarcan una ceja de sospecha ante al ”progreso”, ya que es una ciudad que siempre ha estado atada a su pasado religioso y colorido: los toros, el flamenco y la Semana Santa, la Semana entre el Domingo de Ramos y Pascua de Resurrección, cuando las calles se llenan de procesiones de túnicas de terciopelo. Además, la mayoría de los ciudadanos prefieren caminar por el centro histórico (los coches están prohibidos en la mayoría de los distritos desde 2006), deteniéndose a charlar con los amigos, tomar una copa rápida en un bar o santiguarse delante de la Virgen. A cada paso hay un altar, una estatua o una placa en honor a ella.

Sin embargo si se dirige la mirada mas alla de las agujas de la catedral gótica, no se puede ignorar la bóveda de grúas que cubre la ciudad. Sevilla se encuentra inmersa en un auge de la construcción: un nueva línea  de alta velocidad la une al área turística mediterránea de Málaga desde no hace mucho; el metro se encuentra en obras, y la ciudad ha encargado importantes proyectos culturales como la biblioteca de Zaha Hadid para la Universidad de Sevilla y el Metropol Parasol, pabellón suspendido, con forma de ameba diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer H.

La estructura ondulada, que contará con un restaurante, un mercado de alimentos y una pasarela panorámica, flotará en la bulliciosa Plaza de la Encarnación, una de las muchas plazas públicas de la ciudad. Durante la excavación, fueron encontrados restos romanos, lo que condujo a retrasos en la construcción debido a los trabajos de los arqueólogos. ‘‘Lo que supone un año en cualquier otra parte, se lleva tres años en España‘‘, dice Claudio Gehr, un documentalista alemán que ha dividido su tiempo entre Alemania y Sevilla durante los últimos siete años. No obstante, Mayer está impresionado con que el gobierno esté dispuesto a reconsiderar la idea de su ciudad. ” necesitaban un icono para competir con otras ciudades”, dice. ”Este lugar siempre ha sido una puerta de entrada para las ideas y la invención.”

Ya en el siglo 15, Sevilla fue de las más importantes ciudades portuarias, la conexión de Europa con las Américas. Todo el mundo pasaba a través de la que una vez fue conocida como la Babilonia de España. Hoy en día se puede ver en la mezcla de estilos arquitectónicos los muchos vestigios de diferentes culturas que han hecho de esta ciudad andaluza su capital . Hay ruinas romanas, palacios árabes, catedrales góticas, palacios nobles de estilo mudéjar (un híbrido de elementos arquitectónicos musulmanes y cristianos). Y no hay escasez de estructuras contemporáneas, en particular, Puente del Alamillo de Santiago Calatrava, que a modo de arpa une la ciudad con la cercana isla de la Cartuja, sede de la Exposición Universal de 1992. Hoy los abandonados pabellones internacionales se han convertido en parte del plan de urbanización de la ciudad – los edificios actualmente sirven como centros de investigación y oficinas corporativas. También La Cartuja es la sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, un antiguo monasterio convertido en fábrica de porcelana que es ahora un centro cultural. En un reciente espectáculo,”La Geopolítica de la animación,” se mostraron videos de destacadas estrellas internacionales de arte del momento como Kara Walker y William Kentridge.

Sevilla”es un buen lugar para hacer arte”, dice Rafael López-Bosch, que nació aquí y estudió en Camberwell College of Arts en Londres, antes de abrir la Galería  Sufix de Arte Contemporáneo en el bohemio barrio de Triana el pasado otoño. ”no está saturada por los medios ,por lo que se puede simplemente disfrutar creando.”En el estreno de su espectáculo, ‘‘Mermelada Amarga”-en referencia a las naranjas que salpican las calles como pequeños cadáveres tropicales atropellados – López Bosch contó con un elenco de talentos locales y artistas  extranjeros. Pero, dice, ‘‘todavía tenemos que darle un empujoncito.‘‘

 

 

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