¡Qué nevada la de aquel año!

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Por PILAR GARCÍA
12-1-2003 ABC
 

La Plaza de Santa Cruz cubierta por la nevada. ARCHIVO

SEVILLA. «Ver caer la nieve a orillas del Guadalquivir desde la calle Betis fue un espectáculo inolvidable, apareciendo la Torre del Oro desvaída entre la nevada y blanquecinos sus remates. El Prado de San Sebastián parecía la paramera castellana, alcanzando la nieve no menos de 15 centímetros de altura». Así describía una crónica de ABC del miércoles 3 de febrero de 1954 la estampa blanca con que se vieron sorprendidos los sevillanos de aquel entonces después de que tras tres jornadas de un frío «inusitado» comenzara a nevar sobre la capital hispalense.

El temporal que esta semana ha cubierto con un manto níveo parte de Andalucía y la nevada caída en algunos puntos de las sierras Norte y Sur de Sevilla ha avivado en muchos el deseo de ver la ciudad bajo el prisma gélido de la nieve. Algo, sin embargo, poco probable pues las condiciones meteorológicas actuales no son las adecuadas para ello. Además de bajas temperaturas son necesarias precipitaciones y, por el momento, estas últimas no se prevén dada la situación anticiclónica de que disfruta buena parte de la Península Ibérica. Sí se esperan escarchas y heladas nocturnas, habituales por otro lado en estas épocas del año, pero de ahí a que nieve en Sevilla… ni el Instituto Nacional de Meteorología baraja, hoy por hoy, esa remota posibilidad.

Pero el 2 de febrero de 1954, alrededor de las ocho de la tarde, confluyeron todos los ingredientes necesarios y la nieve cuajó en la ciudad recreando imágenes fuera de lo normal y cargadas de singular belleza. Cuentan las crónicas que por las calles nevadas se veían aparecer a grupos de sevillanos, entre sorprendidos y regocijados, que daban a la fría noche, -en la que se llegó a los cuatro grados bajo cero-, ambiente de año viejo o Navidad. Muchos, grandes y pequeños, aprovecharon la coyuntura climatológica para hacer muñecos de nieve tocados de boina y entablar apasionadas «batallas» de copos, mientras otros se apresuraron a recoger hielo para conservar alimentos e incluso para las primeras neveras que entonces se utilizaban.

Millares de sevillanos, relatan las crónicas de corte más literario, aprovecharon la jornada para adentrarse en el Parque de María Luisa y admirar allí «las caprichosas figuras de la nieve, los blancos nidos de algodón entre las copas de los árboles. Muchos subieron a la Giralda para contemplar la ciudad y sus alrededores. Toda ella se veía espolvoreada de azúcar. Desde las campanas, la plaza de toros de la Maestranza se veía como un enorme rosco de Reyes. Y el río, fluyendo entre doble cenefa de un blanco incomparable». Las plazas, los jardines, el Patio de los Naranjos y el de Banderas se convirtieron en escenarios de excepción para los aficionados a la fotografía, «que se vieron captando paisajes por azoteas y campanarios».

A medida que avanzaba la madrugada, la nevada fue «in crescendo» mientras soplaba un viento Norte que contribuyó a que se incrementara el consumo de café y coñac para combatir los rigores de las bajas temperaturas junto al calor del brasero.

Aunque no sólo fue espectacular e imprevista. La nevada hizo también estragos de mayor envergadura y la ciudad quedó incomunicada telefónicamente con casi todos los pueblos de la provincia y por telégrafo con la capital de España. Se desgajaron árboles bajo el peso de la nieve y se registró el hundimiento del piso de una azotea en la calle Torrigiano, que provocó lesiones a una señora de cuarenta años, inquilina del hogar sobre el que cayeron los escombros. Numerosos cables de conducciones eléctricas se desprendieron a causa del peso de la nieve, produciendo las consiguientes averías e incluso la muerte de un vecino de San Jerónimo tras pisar un cable de alta tensión. En aquellas fechas era difícil recordar una nevada parecida a la de esa noche en lo que iba de siglo, fenómeno del que se hicieron eco los periódicos de la época en numerosos reportajes, en los que también se aludía a la situación provocada por el temporal en el resto del país.

En la provincia, los efectos de la nieve se dejaron sentir, sobre todo, en el olivar. El viernes 5 de febrero, el corresponsal de ABC en Dos Hermanas informaba de que las pérdidas por olivo se calculaban en unas «mil quinientas pesetas, dándose el caso de que los más afectados han sido los de verdeo, habiéndose acumulado en cada olivo como trescientos kilos de nieve, siendo sus pérdidas de más de cincuenta millones de pesetas, pues tardarán los olivos en su reposición unos diez años en su mayoría».

Curiosamente, y en contraste con el estado del tiempo, todo ello ocurría después de que en Sevilla las cigüeñas habían hecho ya acto de presencia anunciando una pronta primavera.

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5 comentarios

  1. Bonito artículo 🙂

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  3. wooooooooooooooo yo kiero k nieveeeeee en sevillaaa seria una estampa maravillosa

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