Franco y Sevilla (hoy es 20-N)

el novio de la muerte

Al “alcalde honorario y vitalicio de Sevilla” Francisco Franco se le acaba el mandato el próximo día 21. Será entonces cuando el Pleno municipal vote una moción de Izquierda Unida por la que se le arrancarán al dictador todos los honores que un día la ciudad le rindió. Tras Queipo de Llano, ahora le toca al generalísimo.

Fue el pasado 18 de julio, aniversario del alzamiento nacional en Marruecos en 1936 y, por tanto, inicio de la Guerra Civil, cuando el Ayuntamiento de Sevilla arrebató a Gonzalo Queipo de Llano su título de hijo adoptivo y la medalla de oro de la ciudad. Fue a iniciativa de Izquierda Unida, secundada tanto por el PSOE como por el PP. Ahora, coincidiendo casi con otra fecha emblemática, el 20 de noviembre, 20-N, el día en que murió Franco en 1975, la coalición de izquierdas vuelve a llevar a Pleno una propuesta que trata de ajustar cuentas con la Historia: la retirada de todas las condecoraciones que la capital andaluza regaló al dictador. En un año, el Consistorio hispalense eliminará de esta forma todos los jirones fascistas que aún le quedaban enredados, porque la lógica apunta a que, al menos los socialistas, apoyarán esta nueva moción.

Según consta en la propuesta firmada por el portavoz del Grupo municipal de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, se solicita la retirada de los tres grandes títulos concedidos a Franco: la medalla de oro de la ciudad, reconocida en Pleno municipal el 12 de diciembre de 1943; el título de alcalde honorario y vitalicio de la capital hispalense, concedido el 24 de julio de 1953, y el de alcalde honorario de Sevilla, que se le regaló en la agonía de su régimen, en 1974, a un año de la desaparición del generalísimo.

El argumento para exigir que se le quiten todos estos honores es breve pero muy contundente: Franco “fue un golpista, un genocida y un dictador” que “sólo merece el desprecio y la condena de los demócratas y los amantes de la libertad”. “En ningún caso -sostiene en el documento el también primer teniente de alcalde- [merece] reconocimientos, méritos ni honores”. La moción contrasta los méritos de Franco, que logró esas distinciones por la fuerza del poder y del temor, con los de esas otras personalidades que sí han sido “notoriamente benefactoras” para Sevilla o que se han “destacado brillantemente” en el servicio de sus ciudadanos, “hombres y mujeres que dieron a Sevilla años de esfuerzo, dedicación y desvelos”.

Son argumentos similares a los que IU utilizó en su moción de julio para dejar limpio de honores al general Queipo de Llano, autor de la toma de Sevilla por parte de los nacionales y culpable de la represión posterior. Entonces, tras un “detallado estudio” de la biografía del militar, se entendió que “no tenía ningún mérito” para seguir siendo hijo adoptivo y contar con la medalla de la ciudad. “Estuvo implicado en dos centros de reclutamiento del que cada día salían para ser fusilados al menos 20 mujeres y hombres”, sostuvo Torrijos, arrancando el apoyo de toda la Corporación.

Esta vez la moción no aporta tantos detalles sobre las actuaciones de Francisco Franco que le hacen desmerecer estos honores, pero desde IU se entiende que con 40 años de dictadura como currículum es suficiente. Incluso en los años en que se concedieron estas distinciones, la relación de Franco con Sevilla fue tibia.

El jefe del Estado visitó la ciudad en 17 ocasiones desde que ocupó el Palacio del Pardo, e incontables en los tres años que duró la contienda (1936-1939). Ya en el verano del 36, pocos días después de su levantamiento contra el Gobierno de la II República, Franco desembarcó en Sevilla, tomada ya por su colaborador Queipo de Llano, sin necesidad de plantar batalla. De inmediato se adueñó del palacio de los marqueses de Yanduri, que convirtió en su alojamiento y, a su marcha, en cuartel general de los nacionales. Desde ese palacio, situado en la calle San Gregorio, junto a la Puerta Jerez, se diseñó la marcha hacia Madrid y el control de las ciudades andaluzas más fieles a la República (Málaga y Almería, básicamente). Ya estando en el gobierno, Franco acudió a la ciudad para visitar distintas cofradías y pisar la Feria de Abril. En sus actos se paseaba habitualmente con el Rolls-Royce que le regaló Adolf Hitler.

 

C. Rengel / J. Alonso

EL CORREO DE ANDALUCIA

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