Valiente, sí.

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“La educación humanista debe consistir en la enseñanza de la libertad, bien entendido que en este contexto enseñar no significa mostrar, señalando a distancia algo inerte o ajeno, sino, por el contrario, la transmisión de un conocimiento práctico. Como a nadar se aprende nadando, a ser libre se acostumbra uno, se hace uno, ejercitándose en el uso de la libertad.

En el niño receptivo, en el rebelde adolescente y en el joven impaciente convergen múltiples influencias coetáneas a la del educador profesional (maestro o catedrático) que, en el mejor de los casos para la tranquilidad. de conciencia de éste, anulan o pervierten su labor. Si falla la educación, la quiebra hay que percibirla en muchos resortes del tejido social. En una sociedad donde sobre cada individuo pesa el alud informativo y, deformativo de muchos medios de comunicación, hay razones para pensar que el mal uso (le la libertad se aprende más ante el televisor que en la escuela, más escuchando tertulias e ingeniosidades radiofónicas que estudiando derecho civil o química orgánica, más leyendo cierta prensa que en las aulas de BUP o de la facultad …/…

También me consta, finalmente, que mi lamento por el frecuente mal uso de la libertad de expresión no debe dirigirse contra todos ni contra la mayoría de los periodistas. Y por si alguien, con la estúpida precipitación del malicioso, cree intuir lo contrario en mis palabras, quiero decir que confío poco en la eficacia de la ley penal para corregir estos abusos, y no soy partidario, en absoluto, de crear nuevos tipos delictivos al efecto. Pero dicho todo esto, continúo afirmando que esta sociedad está poco y mal educada en el uso de la libertad de expresión, por lo que urge que todos, profesores y políticos, magistrados y periodistas, padres y alumnos nos paremos un momento a pensar a qué metas conducen ciertos caminos …/…

Que nadie anime o induzca a nadie a practicar un inexistente derecho al insulto. Que nadie transmita consignas apenas encubiertas en este sentido… Que todos nos cuidemos de pensar en los límites de nuestra libertad, porque no es aconsejable que el sujeto de un derecho de libertad se interese sólo por su contenido máximo y deje que de los límites se ocupen otros, las víctimas o los jueces. Sólo si nos ponemos de acuerdo en estos puntos mínimos será posible sanear un ambiente que -dicho sin tremendismo, pero también sin cegueras voluntarias- se hace a veces irrespirable.

Francisco Tomás y Valiente
Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y ex presidente del Tribunal Constitucional.
Fue asesinado por ETA el 14 de febrero de 1996 .
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1 comentario

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