Hace falta la noche

Hace falta la noche para ver las estrellas. 

     Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribe
un planeta sin nombre o una jungla perdida.
Y hace falta la noche. 

     Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.
La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.
Hace falta la noche.Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida. 
Benjamín Prado

Madrigal al billete de tranvía

Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.

Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.

Y no arde en ti la rosa ni en ti priva
el finado clavel, sí la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.

Rafael Alberti

Santa Rufina

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Decía el profesor Márquez Villanueva, en su excelente artículo del pasado martes 19 de junio, que ésta era “ la santa-rufina-1.jpgsanta-rufina-1.jpghora del ser o no ser, de hablar con la elocuencia de la acción, de hacer nuestro propio futuro o de retirarnos a cuidar, como tantas otras veces, no ya nuestro jardín, sino nuestras macetitas”.Cuanta razón tenía. Porque creo que la campaña ciudadana emprendida para traer este Velázquez a Sevilla, ha ido más allá del hecho en concreto, sino que ha sido también un indicador. Un indicador de nuestra capacidad, de nuestro nivel como ciudad.

santa-rufina-3.jpgsanta-rufina-3.jpgEntre las aspiraciones culturales que en los últimos años han sido planteadas desde el seno de la sociedad civil sevillana, destaca la recuperación de la obra de Velázquez en su ciudad natal. Como sabemos, un cúmulo de circunstancias históricas su traslado a la corte se produjo cuando ya ostentaba la condición de maestro y era padre de santa-rufina-3.jpgfamilia, a los veinticuatro años de edad. Lejos de discursos victimistas, esa legítima reivindicación cristalizó en la constitución de una plataforma cívica denominada “Velázquez por Sevilla”. Han sido los ciudadanos que integran la citada plataforma, los que llevado por un entusiasmo encomiable, han promovido, con el apoyo del gobierno de la ciudad, una cuestación popular dirigida a instituciones, empresas y ciudadanos en general, con el objeto de recabar fondos para acudir a la subasta de la obra “Santa Rufina”.

El gobierno de Sevilla que presido asumió este reto como propio. No podía ser de otra forma, si queríamos ser coherente con nuestra propia percepción de la ciudad y de sus posibilidades. Coherencia con nuestro modelo de ciudad.  

Se ha conseguido. Pronto  podremos contemplar aqui la belleza del lienzo, en el que se representa a una de las copatronas de Sevilla, encarnada en una niña que porta una palma y una taza en alusión a su condición de alfarera. Los más reputados especialistas en arte barroco español coinciden en que esta obra es la que aparece en el inventario de Luis de Haro, sucesor de su tío, el Conde Duque Olivares, como primer ministro de Felipe IV. En el mundo sólo existían tres o cuatro obras en manos privadas que pudieran ser atribuidas a Velázquez con rotundidad. Como obra emblemática y de sevillanía, el cuadro “Santa Rufina” hará posible la creación de la casa de Velázquez, con la participación inestimable de la fundación FOCUS. Bien por Abengoa, saben muy bien, y no de ahora, lo que es “hacer ciudad”.

 En el Ayuntamiento de Sevilla estamos dispuesto a hacer de Velázquez un icono de la cultura sevillana. Como ya he dicho, no sólo por su nacimiento, sino porque su etapa sevillana, lejos de reflejar los primeros balbuceos artísticos de un joven en formación, es la obra plena de madurez de un hombre cuyo arte, pese a su juventud, superaba ya con creces al del resto se sus compañeros de gremio en Sevilla. Quien más tarde reinará en el Olimpo de los creadores universales, había desarrollado en su ciudad una actividad que, siendo sólo el primer peldaño de la escalera de su genio, hubiera bastado por sí sola para situarlo en lugar preferente de la historia de la pintura española. A las órdenes de uno de los mejores maestros posibles en la época, encontró el ambiente adecuado para crecer como artista. Cuando fue dueño de su propio obrador dio vida a una galería de personajes cuyos rostros y actitudes, de una gravedad sincera, bien con vestiduras bíblicas o con ropas humildes, nos acercan a la vida de una ciudad tan distinta, y también tan parecida, a la Sevilla de este final de milenio. Cualquier sevillano que haya vivido la experiencia de verse frente a frente con algunas de estas obras en Londres, Edimburgo, Berlín o Budapest, sobre todo tras un largo período lejos de su tierra, habrá sentido la emoción de encontrarse con caras sevillanas, que a través del tiempo y del espacio nos conmueven por su cercanía.

Que una ciudad como Sevilla no aspirara a disponer, aunque sólo sea de una representación, de uno de sus mejores legados a la humanidad, hubiera sido un verdadero signo de decadencia. Afortunadamente no estamos en 1999. La nuestra no es una ciudad decadente, por más que a algunos le gustara, sino una ciudad floreciente, en todos los aspectos. También en la cultura y las artes. Y esta ha sido una clara demostración.

Y termino como empecé, con las palabras del profesor Francisco Márquez Villanueva, quien, desde tan lejos, ha sido capaz de ver las cosas con más claridad que algunos de aquí. Dice : “Santa Rufina vuelve al mercado en un momento en que Sevilla, o por lo menos muchos dignos hijos suyos, pugnan por salir de su vía estrecha, porque por algo ha dejado finalmente de ser una ciudad de hambre. Pero es obvio que la actividad de unos puñados requiere que un caso como el presente todo un clamor comunitario para alcanzar alguna eficacia. La ciudad por otra parte no ha tenido mucha suerte con Velázquez, que en tiempos modernos ha venido a hallarse tan escasamente representado en ella. Su única obra importante, La imposición de la casulla a San Ildefonso, estará próximamente colgada en el Museo de Bellas Artes y sería ideal contemplarla junto al Santa Rufina que sale ahora a subasta. Y como único punto final en este momento posible: ¡obras son amores! Nada más.”

Gracias a todos los que han trabajado tanto para que este sueño sea una realidad, para que Rufina esté de nuevo en su casa.