El edificio medieval de las Atarazanas o astillero medieval de Sevilla, que será sede del centro cultural Caixafórum, permanecerá intacto, como se conoce ahora, y abierto al público en su planta baja por las grandes arcadas que dan a la calle Dos de Mayo, fachada que ahora permanece cerrada.
Ubicadas junto al Teatro Maestranza y al Hospital de la Caridad, entre el río y la Catedral, las Atarazanas integran siete grandes naves industriales del siglo XIII que, al quedar abiertas al público tras descubrir media docena de grandes arcos ahora cegados, serán un gran espacio público, abierto de día y cerradas por un sistema de cancelas durante la noche.
Ese enorme espacio cubierto es de 5.000 metros cuadrados y, salvo en la nave del fondo, donde irá una cafetería y un quiosco, se podrá utilizar para conciertos, recitales e incluso algunas exposiciones, y se podrá transitar libremente por él accediendo desde Dos de Mayo, calle que conecta el río con la Catedral.
Las salas de exposiciones y dependencias de Caixafórum se extenderán por otros 6.700 metros, los del edificio del XVIII que hasta ahora ha sido la fachada principal, desde que se reconvirtió el edificio en cuartel en tiempos de Carlos III, sobre la franja trasera más próxima a esta estructura del XVIII, donde irá el auditorio y el vestíbulo y las tres naves de la planta superior de las Atarazanas, que siempre han estado cerradas al público.
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La estructura de las tres naves superiores del edificio, que ya no forman parte de las Atarazanas medievales, sino añadidos del XVIII, tampoco se tocará, pero una nave se convertirá en sala de exposiciones de 400 metros cuadrados, la nave central en talleres y salas polivalentes y la nave más próxima a Dos de Mayo será un restaurante con terraza a esa calle y vistas a la Catedral y la Giralda.
La sala de exposiciones principal, con 800 metros, ocupará el actual edificio que sirve de fachada a la Atarazanas a la calle Temprado, y pegados a éste, en su parte trasera y arriba el auditorio para trescientas plazas y el vestíbulo, cuya parte superior, transparente, de cristal, dará también a Dos de Mayo.
El vestíbulo, al que se accederá por Dos de Mayo y por la planta baja actual de las Atarazanas que permanecerán abiertas a la calle, como tal espacio público, será un “espacio contemporáneo”, de acero y cristal, que comunicará con los distintos espacios y niveles del edificio a través de una rampa en zig-zag, ascensores y escaleras y, con unos 12 metros de altura, será el único elemento exterior que se verá de nueva construcción.
(…) Sevilla, 23 oct (EFE).-
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Sevilla ha mantenido siempre una relación con la duquesa de Alba que va mucho más allá de la consideración y el respeto. Su amor por Sevilla, la pasión con la que siempre se ha referido a la ciudad en la que ha querido vivir, la han hecho acreedora del cariño de la mayoría de los sevillanos, que la sienten como una vecina más. El Ayuntamiento hizo merecedora a Cayetana Fizt James Stuart de la medalla de oro de la ciudad. Pronto, también tendrá una estatua en los Jardines del Cristina que pagará la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Mi respeto para ella y lo que representa.
Dicho esto, y como mi interés por el mundo escultórico sólo es comparable al que siento por los misterios de la física cuántica, me abstraeré de cualquier consideración artística ante la proliferación de figuras escultóricas que vive Sevilla. Hay quien ve en este fenómeno un toque entre freakie y rancio que casa bien poco con los aires modernizadores de los que tanto presume este ayuntamiento (con la razón de su parte: hay una cierta querencia por la desmesura) . Y también se dejan escuchar quienes, al contrario, parecen encantados con este síndrome del espacio vacío que obliga a poner una estatua en cada esquina. Cuestión de gustos que se pueden o no compartir.
En lo que sí me atrevo a entrar (porque si no, creo que reviento) es en los olvidos de esta ciudad. No digo que haya que aplicar criterios científicos para elegir a quién se le erige una estatua, pero no entiendo que tanta pasión por toreros, folklóricas y grandes de España no pueda convivir con el reconocimiento a personas que han hecho tantas cosas por la ciudad en ámbitos tan variopintos como la literatura, la música, la pintura o la ciencia.
Yo no sé por dónde cae la estatua que Sevilla le debe a Chaves Nogales o a Romero Murube , pero seguramente sse deba simplemente a que no la tienen. Y tampoco comprendo que haya razones para que Blanco White se conforme con una plaquita y una residencia mientras que cualquier diestro encuentra el mejor de los acomodos en el Paseo de Colón.
Sitio se supone que hay para todos, pero igual es que los hijos de la ilustración no tienen padrinos en Sevilla.