“La ciudad nace del pensamiento, de la capacidad de imaginar un hábitat, no sólo una construcción para cobijarse, no sólo un templo o una fortaleza como manifestación de poder. Hacer ciudad es ordenar un espacio de relación, es construir lugares significantes de la vida común, la ciudad es pensar el futuro y luego actuar para realizarlo” .
“Así como no hay comunidad sin memoria tampoco hay ciudad sin proyecto de futuro. Sin memoria y sin futuro la ciudad es un fantasma y una decadencia. La vida de la ciudad se manifiesta por medio del cambio, de la diferencia y del conflicto… ” .
“De este modo, una vez más, las ciudades han demostrado su capacidad para sedimentar las diferentes capas de su historia, es decir, su función de palimpsesto, pergaminos que no cambian sino que acogen sucesivamente escritos distintos”.
(*) Borja, Jordi. Renacimiento de las ciudades.
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